“Lección 4 Material de preparación para la clase: Escudriñar las Escrituras”, Enseñanzas y doctrina del Libro de Mormón: Material para el maestro, 2021
“Lección 4 Material de preparación para la clase”, Enseñanzas y doctrina del Libro de Mormón: Material para el maestro
Lección 4 — Material de preparación para la clase
Escudriñar las Escrituras
El élder Richard G. Scott, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “No cedas ante la mentira de Satanás de que no tienes tiempo de estudiar las Escrituras […]. Deleitarse en la palabra de Dios cada día es más importante que dormir, que los estudios, el trabajo, la televisión, los videojuegos y las redes sociales” (“Haz del ejercicio de tu fe tu mayor prioridad”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 93). Mientras estudias este material, considera por qué el élder Scott desea que le des tanta prioridad al estudio de las Escrituras. Analiza qué función cumplen actualmente las Escrituras en tu vida.
Sección 1
¿Qué prioridad tienen las Escrituras en mi vida?
Luego de que Lehi y su familia viajaran durante días por el desierto, el Señor mandó a Lehi que enviara a sus hijos de regreso a Jerusalén para obtener las planchas de bronce de Labán. Las planchas de bronce eran un tomo de Escrituras antiguas, comparables con nuestro Antiguo Testamento, que contenían un registro de los judíos y muchos escritos de los profetas (véanse 1 Nefi 5:11–16; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Planchas de bronce”, scriptures.ChurchofJesusChrist.org).
El Señor sabía que estas Escrituras serían esenciales para la familia de Lehi y sus descendientes. El Señor mandó incluso a Nefi que matara a Labán para obtener los anales, diciendo: “… Es mejor que muera un hombre a dejar que una nación degenere y perezca en la incredulidad” (1 Nefi 4:13).
Cuando Lehi recibió las planchas de bronce y las “examinó” (1 Nefi 5:10), “fue lleno del Espíritu y empezó a profetizar acerca de sus descendientes” (versículo 17).
Al comentar acerca del valor de las Escrituras en su vida, la hermana Julie B. Beck, quien prestó servicio como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, enseñó:
He obtenido gozo del hábito de la lectura diaria de las Escrituras que comencé hace ya muchos años. Algunos días tengo mucho tiempo para meditar en ellas y, otros, reflexiono sobre unos cuantos versículos. Del mismo modo que comer y respirar sustentan mi cuerpo físico, las Escrituras alimentan mi espíritu y le dan vida. Y ahora puedo decir al igual que Nefi: “… mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita […]. He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita continuamente en las cosas que he visto y oído” (2 Nefi 4:15–16) (véase “Mi alma se deleita en las Escrituras”, Liahona, mayo de 2004, pág. 109).
Sección 2
¿Cómo pueden las Escrituras ayudarme a conocer mejor a Jesucristo?
Durante su ministerio, Nefi creó dos grupos de anales: las planchas mayores y las planchas menores de Nefi. Inicialmente, las planchas mayores de Nefi contenían la historia secular del pueblo de Nefi. Las planchas menores se crearon para el “objeto especial” de preservar un registro del ministerio del pueblo de Nefi (1 Nefi 9:3). Nefi declaró que “toda [su] intención” con este registro era persuadir a todas las personas a venir a Cristo y ser salvos (1 Nefi 6:4).
Cuando cedió la responsabilidad de las planchas menores a su hermano Jacob, Nefi le mandó que registrara solo las cosas “más preciosas” (Jacob 1:1–2).
El presidente Russell M. Nelson enseñó que Nefi, Jacob y el resto de profetas del Libro de Mormón agregaron su testimonio al de los profetas de otras Escrituras. Él explicó:
En una secuencia al parecer interminable de proclamaciones proféticas —el testimonio de “todos los santos profetas” [Jacob 4:4] durante “muchos miles de años antes de su venida” [Helamán 8:18]—, el Libro de Mormón hace la solemne declaración de que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor (véase “Un testimonio del Libro de Mormón”, Liahona, enero de 2000, págs. 82–83).
Sección 3
¿Cómo pueden las Escrituras guiarme a resolver problemas y tomar decisiones?
Luego de que Lehi hubo cumplido con todo lo que se le había mandado, el Señor le proporcionó un instrumento llamado la Liahona (véase Alma 37:38). La Liahona funcionaba como una brújula y servía de guía a la familia de Lehi en su viaje por el desierto. También mostraba mensajes personales del Señor. Nefi aprendió que la Liahona funcionaba “de acuerdo con la fe [y] diligencia” que ellos daban a los mensajes del Señor (1 Nefi 16:28–29).
Unos quinientos años más tarde, cuando Alma confió a su hijo Helamán el cuidado de las planchas de bronce y otras Escrituras, hizo algunas reflexiones en cuanto al funcionamiento de la Liahona.
Cuando servía como miembro de los Setenta, el élder W. Rolfe Kerr enseñó:
Las palabras de Cristo pueden ser una Liahona personal para cada uno de nosotros, mostrándonos el camino. No seamos perezosos por la facilidad que presenta la senda. Con fe, llevemos las palabras de Cristo a nuestra mente y a nuestro corazón, según se hallan registradas en las Sagradas Escrituras y son proferidas por los profetas, videntes y reveladores vivientes. Con fe y diligencia deleitémonos en las palabras de Cristo, porque las palabras de Cristo serán nuestra Liahona espiritual que nos dice todo lo que tenemos que hacer” (véase “Las palabras de Cristo: nuestra Liahona espiritual”, Liahona, mayo de 2004, pág. 37).