“Dones del Espíritu”, Temas de la historia de la Iglesia
“Dones del Espíritu”
Dones del Espíritu
En el Nuevo Testamento, Jesucristo prometió a Sus discípulos que las “señales seguirán a los que creyeren”, entre otras, echar fuera demonios, hablar “nuevas lenguas” y sanar a los enfermos1. A principios del siglo XIX, sin embargo, muchos cristianos debatían en cuanto a si tales milagros habían sido pensados solo como señales de autoridad de los apóstoles de la antigüedad o si esas señales seguían a los creyentes de todas las épocas. A los cristianos que creen que los dones cesaron con los apóstoles se les llama “cesacionistas”, mientras que a quienes creen que estos dones continúan se les llama “carismáticos”. Los primeros Santos de los Últimos Días, al creer en el mensaje del Libro de Mormón de que “el día de los milagros” no había cesado2 eran carismáticos: ellos buscaban y expresaban los dones del Espíritu de muchas maneras.
Pronto aprenderían los santos, sin embargo, que no todas las manifestaciones carismáticas provenían de Dios. En 1831, cuando José Smith arribó a Kirtland desde Nueva York, él presenció reuniones con abundantes exhibiciones de comportamientos carismáticos, y se preocupó por saber cómo distinguir los auténticos dones del Espíritu de otras manifestaciones3. Mediante las revelaciones que recibió el Profeta, los santos aprendieron que los espíritus falsos podían engañar a las personas que procuren manifestaciones espirituales para su propio beneficio, y que se han de usar los dones para servir y edificar4. El Señor aclaró también que quienes fuesen ordenados para “velar por la iglesia” tendrían el don de discernir si el ejercicio de ciertos dones proviene de Dios5. Los líderes de la Iglesia continuaron deliberando entre sí y con los santos acerca del propósito de los dones espirituales y cuál sería su uso adecuado6.
La forma en que se han manifestado los dones espirituales dentro de la Iglesia ha variado con el paso del tiempo. Por ejemplo, en el siglo XIX, era común en las reuniones de la Iglesia que se hablara en lenguas y se las interpretara Posteriormente, los miembros de la Iglesia experimentaron el don de lenguas principalmente como una ayuda divina otorgada a los misioneros para ayudarles a predicar el Evangelio en otros idiomas7. Los Santos de los Últimos Días continúan disfrutando en la actualidad de los dones ofrecidos a los discípulos de Cristo, y afirman que el día de los milagros no ha cesado.
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